04 Mar Salinas de Fuencaliente, tradición desde 1967
En 1967 comenzó la historia de las Salinas de Fuencaliente, en el punto más al sur de La Palma frente al Atlántico. Lo que nació como un proyecto para abastecer de sal marina a la isla se ha convertido, con el paso del tiempo, en uno de los paisajes más emblemáticos y fotografiados de Canarias.
Ubicadas sobre terreno volcánico, en un entorno marcado por la fuerza de la lava y el océano, las salinas representan una forma de trabajar que apenas ha cambiado en más de cinco décadas. Aquí la sal no se produce de forma industrial, se cultiva de manera artesanal, siguiendo un proceso natural que depende del sol, el viento y del agua del mar.
El sistema es sencillo en su esencia y complejo en su equilibrio. El agua del Atlántico se conduce a los cocederos y tajos, donde el sol y el viento hacen su trabajo hasta que comienzan a formarse los cristales de sal. Cada cosecha requiere tiempo, observación y experiencia. No hay prisas, porque el ritmo lo marca la naturaleza.
Las Salinas de Fuencaliente no son solo un espacio productivo. Desde 1994 están declaradas Sitio de Interés Científico, ya que constituyen también un pequeño ecosistema donde encuentran refugio distintas aves migratorias. Esa convivencia entre actividad tradicional y valor natural es parte de su identidad.
Las Salinas han llevado el nombre de Fuencaliente más allá de la isla. El compromiso siempre ha sido el mismo, ofrecer un producto natural, sin aditivos, respetuoso con el medioambiente y fiel a un saber hacer transmitido de generación en generación.
Pero quizá lo más importante no se mide en toneladas de producción ni en años de historia. Se mide en constancia. En levantarse cada día y seguir trabajando entre el negro de la lava y el blanco de la sal. En mantener vivo un oficio que forma parte de la memoria colectiva del sur de La Palma.
Desde 1967 haciendo lo que mejor sabemos, transformar el mar en sal y conservar una tradición que hoy es patrimonio vivo de la isla.
