LAS SALINAS

Estas Salinas de Fuencaliente se asientan sobre uno de los parajes más bellos de nuestra Isla. Un manto de piroclastos y el discurrir de las coladas nos recuerdan las recientes erupciones. Sobre estos terrenos se construye el último complejo salinero de Canarias. Si la distorsión de la fábrica es mínima, el contraste es extremo, el cegador blancor de la sal dispuesta en los balaches, las rosáceas charcas y tajos, la gama de verdes a modo de pequeñas pinceladas, todo ello se plasma a modo de un gran lienzo de fondo negro, fruto de la caprichosa naturaleza. El cantil costero nos marca el límite y conjunción de los diferentes elementos naturales para que obre la transformación.

Las salinas fuencalenteras suponen el esfuerzo para la pervivencia y la constancia de mantener un legado. Esta labor, la de producir sal de forma tradicional, no exento de cierto romanticismo, se da en la familia Hernández Villalba. Una empresa que se inicia allá en la década de los sesenta por parte del padre del actual propietario.

Después de sopesar diferentes emplazamientos más idóneos para la producción salinera, se decide su construcción en el paraje conocido como Punta de Fuencaliente, cercano al faro, en dicho lugar confluyen todos y cada uno de los elementos necesarios en la producción salinera, un régimen de vientos moderados, una pluviometría escasa, un número de horas de insolación suficiente.

Texto: Pedro Merino Martín.

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